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Un poco de la historia de los instrumentos musicales de cuerda frotada.

"LOS MODERNOS INSTRUMENTOS DE ARCO"

Por Arturo Moreno, laudero mexicano.

Para muchos instrumentos musicales antiguos, también para el violín no existe acta de nacimiento que pueda fijar históricamente el origen y paternidad. Dispersos a través de lo siglos, los primeros ejemplares construidos, sus diseños y modelos originales, han hecho casi imposible a los historiadores y liutólogos datar con seguridad la creación del violín.

 

            Los pocos violines primitivos no tienen etiqueta con el nombre del autor. Existen en museos instrumentos rudimentarios, que en parte fueron transformados por los mismos constructores y algunos otros artesanos interesados en perfeccionar la forma original.

 

            El nombre violino se encuentra ya escrito en documentos del 1400, pero se refiere a pequeñas violas (viola soprano reducida); sin embargo aparecen también instrumentos parecidos al violino en pinturas y esculturas renacentistas, dado a que se descubrieron en una pintura atribuida a Leonardo da Vinci.

 

            Los historiadores se han dedicado a la búsqueda de instrumentos primitivos y viejos documentos que permitieran ubicar al inventor del violín, sin embargo no están muy seguros. Uno de de estos historiadores, de nombre Mucci, titula un libro: “Gasparo da Salo vida y obra”; donde Da Saló tuvo en su haber instrumentos vendidos a un tal Simone en 1580 para hacer copias de instrumentos que pueden, para 1580, ser un prototipo del violín.

 

            El historiador Fétis, fue el primero en atribuirle el gran merito de la invención del violín al italiano Gasparo Da Salo, algunos otros a Kerlino y otros a Kaspar Duiffopruggar. Pero el trabajo de mucho de ellos, contribuyeron a la conformación del llamado violín.

 

LA ESCUELA BRESCIANA

 Lo conocido ahora como escuela Bresciana, ubica históricamente a ese admirable grupo de lauderos, que en el curso de pocos decenios a partir de la primera mitad del siglo XVI y con un gran sentido artístico y científico en su tiempo, definieron el cuarteto de cuerdas moderno. Esos grandes maestros no se limitaron a dar al instrumento la forma que ahora todos conocemos; sino que perfeccionaron la elaboración y los maravillosos barnices, estudiaron y resolvieron problemas de sonoridad y potencia, y finalmente fijaron la afinación por intervalos de quintas.

 

            La escuela Bresciana fue por dos siglos un auténtico hervidero de grandes lauderos, de los mejores constructores de laudes, de violas da bracho y da gamba. Por mencionar a algunos: Zoan Maria Dalla Corona, Pietro Zanura, Pelegrino Da Montichiari, Virchi, Gasparo Da Salo, Maggini, Mariani y Rogeri.

 

LA ESCUELA CREMONESE

 Cronológicamente, la segunda escuela (la más gloriosa), fue fundada por Andrea Amati. Este nació en 1505 y algunos historiadores lo consideran alumno de Gasparo Da Saló; sin embargo otros autores ubican el nacimiento de Amati 35 años antes.

 

            Nicola, hijo de Girolamo y sobrino de Antonio, fue el más importante exponente de la laudería de la dinastía Amati. Entre sus alumnos, se encuentra Andrea Guarneri, y el más grande de todos los tiempos Antonio Stradivari, que llegará en el siglo XVII a crear el instrumento perfecto. Por muchos imitado pero por ninguno superado.

 

            Otra importante dinastía de lauderos que hicieron ilustre a la ciudad de Cremona fue la de los Guarneri, influenciados por Andrea Amati y seguramente por Stradivari. Pietro Guarneri, Giuseppe Gian Batista, Pietro II y Bartolomeo Giuseppe ó Guarneri del Gesú (autor de verdaderaras obras maestras como Vieuxtemps e Ysaye que pertenecieron al ilustre Paganinni), fueron honrosos exponentes de la tradición.

 

            Son innumerables los lauderos que han existido en la historia de la música. Es indudable que sin los lauderos, no existirían creaciones musicales tan importantes a lo largo de los siglos.

 

            El datar o el atribuir a una persona el origen del violín, no resulta tan importante como la evolución del instrumento mismo; debido a que fue transformándose según las necesidades y las exigencias musicales de las diversas épocas, hasta llegar a tal grado de perfección, que no ha sido superado por muchos siglos.